LEHEM

 

“Alimento, pan.”

Él provee alimento a todo ser viviente.

Su fiel amor perdura para siempre.

Salmos 136:25

Una de las grandes necesidades del ser humano desde que nace hasta que muere es el alimento. Además de ser vital para la supervivencia, Dios nos permite disfrutar los alimentos; disfrutamos los sabores, la textura, el olor, etc. Sin alimento el ser humano no se desarrolla y corre el riesgo de morir. Desde que nacemos buscamos ansiosamente alimentarnos y cuando una criatura no quiere comer es señal de enfermedad. Ante esta gran necesidad humana, Dios se presenta como nuestro “alimento”.

El autor de Salmos no está hablando de una torta o un burrito, porque el que come eso después de unas horas vuelve a tener hambre. La Biblia habla de los que comieron el maná, un alimento sobrenatural que Dios proveyó en el desierto para Israel pero incluso esa comida dejaba a las personas con hambre al día siguiente. El Salmista no está hablando de un alimento que tomamos con la boca sino de JESUCRISTO, quién es nuestro alimento espiritual.

Jesucristo hizo la siguiente declaración de sí mismo:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí, vivirá por mí. Éste es el pan que bajó del cielo. Los antepasados de ustedes comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.

Juan 6:54-58

Jesucristo es nuestro alimento. Alimento que nos da vida y nos sostiene, pero no solo eso; es el alimento que nos sacia. Su Presencia nos llena de gozo y paz, su Presencia satisface toda necesidad emocional del ser humano.

Gracias Dios por ser mi alimento.

Gracias porque Tú suples la necesidad mas esencial de mi vida.

Gracias Dios porque Tú sacias mi vida con tu Presencia.

Gracias Dios porque en ti completo soy.

 
Vino NuevoDía 20